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segunda-feira, 29 de julho de 2013

Quartas Moradas, capítulo 1 (fragmento)


Já que estamos sujeitas a comer e a dormir _sobeja provação a que não podemos furtar-nos _reconheçamos a nossa miséria, desejando ir para onde já ninguém nos apoucará; às vezes, lembro-me de ter ouvido que isto mesmo diz a Esposa no Cântico e, realmente, não vejo nesta vida nada de que venha mais a propósito dizê-lo: em meu entender, não se compara a estas batalhas interiores nenhum outro vexame ou padecimento que nela nos possa acontecer. Como já disse, todo o desassossego é suportável desde que haja paz em nossa casa; agora que o estorvo esteja em nós mesmas ao querermos descansar dos mil trabalhos do mundo (e quando Deus quer propiciar-nos o descanso) eis o que é por força penosíssimo e quase insuportável. Leva-nos Senhor para uma terra onde estas misérias nos não rebaixem, que às vezes até parecem zombar da alma. Disto a livra Deus, e ainda nesta vida, quando chega à última morada, como adiante direi se Ele for servido.
Talvez não façam a todos tanta pena estas misérias e os não a assaltem como durante anos me assaltaram, por ser tão má, a ponto de parecer que eu mesma me queria vingar de mim. Mas, tendo-me sido coisa tão penosa, imagino que também vos possa apoquentar; e estou sempre a falar nela, na esperança de alguma vez conseguir mostrar-vos que é inevitável, para que vos não traga inquietas nem aflitas; ora deixemos bater esta taramela de moinho e continuemos a moer a  nossa farinha, não deixando ociosos a vontade e o entendimento.

Teresa de Ávila
(tradução de Manuel de Lucena)
Moradas
1988, ed. Assírio e Alvim
imagem de Miguel Leal

quarta-feira, 11 de julho de 2012

Ayes del Destierro


¡Cuán triste es, Dios mío;
La vida sin ti!
Ansiosa de verte
Deseo morir. 


       Carrera muy larga
Es la de este suelo,
Morada penosa,
Muy duro destierro.
¡Oh dueño adorado,
Sácame de aquí!
Ansiosa de verte
Deseo morir.

     Lúgubre es la vida,
Amarga en estremo;
Que no vive el alma
Que está de ti lejos.
¡Oh dulce bien mío,
Que soy infeliz!
Ansiosa de verte
Deseo morir. 

       Oh muerte benigna,
Socorre mis penas!
Tus golpes son dulces,
Que el alma libertan.
iQue dicha, oh mi amado,
Estar junto a Ti!
Ansiosa de verte
Deseo morir.

         El amor mundano
Apega a esta vida;
El amor divino
Por la otra suspira.
Sin ti, Dios eterno,
¿Quien puede vivir?
Ansiosa de verte

Deseo morir.          
             La vida terrena
Es continuo duelo;
Vida verdadera
La hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
Que viva yo allí.
Ansiosa de verte

Deseo morir.
      ¿Quien es el que teme
La muerte del cuerpo,
Si con ella logra
Un placer inmenso?
¡Oh, sí, el de amarte,
Dios mío, sin fin!
Ansiosa de verte
Deseo morir.

          Mi alma afligida
Gime y desfallece.
Ay! ¿Quien de su amado
Puede estar ausente?
Acabe ya, acabe
Aqueste sufrir.
Ansiosa de verte
Deseo morir.

          El barbo cogido
En doloso anzuelo
Encuentra en la muerte
El fin del tormento.
iAy!, también yo sufro,
Bien mío, sin ti.
Y Ansiosa de verte

Deseo morir.
            En vano mi alma
Te busca, oh mi dueño!;
Tu siempre invisible
No alivias su anhelo.
iAy!, esto la inflama
Hasta prorrumpir:
Ansiosa de verte
Deseo morir.

      iAy!, cuando te dignas
Entrar en mí pecho,
Dios mío, al instante
El perderte temo.
Tal pena me aflige
Y me hace decir:
Ansiosa de verte
Deseo morir. 
        Haz, Señor, que acabe
Tan larga agonía,
Socorre a tu sierva
Que por ti suspira.
Rompe aquestos hierros
Y sea feliz.
Ansiosa de verte
Deseo morir.

         Mas no, dueño amado,
Que es justo padezca;
Que expíe mis yerros,
Mis culpas inmensas.
iAy!, logren mis lágrimas
Te dignes oír
Ansiosa de verte
Deseo morir.


Santa Teresa de Ávila
La Poesia de Santa Teresa
1975, ed. Biblioteca de Autores Cristianos

sexta-feira, 10 de setembro de 2010

Vivo Sin Vivir en Mí


Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.


Santa Teresa de Ávila
Seta de Fogo
pintura de Graça Martins